Archivos Mensuales: abril 2013

Capítulo 17. Vuelta a casa: Cronología

vuelve

© El Almendro

Después de pasar tres meses en un país extranjero puede apetecer volver a casa unos días. En realidad, no era éste mi caso, pero he de admitir que, una vez tuve el vuelo comprado, sumé ganas. Al fin, llegó el día del viaje, jueves, 11 de abril. Las conexiones Bilbao-Derry no son las más óptimas, así que me esperaba un largo viaje.

3:30 AM Suena la alarma. Tengo tiempo, mi bus sale en una hora. Aún así, casi lo pierdo porque el reloj avanza repentinamente de las 3:50 a las 4:15 sin que pueda ni darme cuenta. Cuando me percato de la hora que es, dejo el café recién hecho en mi mesita de noche y salgo corriendo con la maleta a cuestas. Llego a tiempo. ¡Bien! Pero, ¡mal!, la puerta de la estación de autobuses está cerrada. Hay que acceder por una entrada alternativa al otro lado de la calle y yo voy con el tiempo justo, pero logro llegar antes de que salga el bus.

4:28 Sorprendentemente, no soy la última en subir. Puntualidad irlandesa. Mi jefa y dos compañeros más están también allí, van al aeropuerto por tema business. “Pensábamos que no llegabas…”. Todo controlado.

4:30 Salimos.

4:35 Mi ipod se queda sin batería.

8:15 Tras casi 4 horas de trayecto por caminos de cabras (eso no son carreteras, que no me quieran engañar) llegamos al aeropuerto de Dublín. Pero el vuelo no sale hasta las 12:35. Genial.

12:30 Retrasan el vuelo una hora. MATAR. MATAR. MATAR.

13:30 Salimos. Por fin.

16:30 Hora española, llegamos.

Y aún me quedaba la vuelta. Una semana después, el mismo avión, los mismos caminos de cabras y el mismo café, esperándome sobre la mesita de noche, con un microsistema viviente creado en su interior gritando Welcome back.

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Capítulo 16. Historias para no dormir

zzzz

Hace poco leí que el pasado año hubo 332 quejas por ruido en Derry. La mayoría, relacionadas con animales ruidosos o vecinos pesados. Ya he hablado alguna vez de mis vecinos. Resulta que la casa contigua está dividida en varias viviendas con distintos habitantes en todas ellas, que nos sorprenden con diferentes historias cada día. O mejor dicho, cada noche. Una fiesta, una disputa familiar, gente pidiendo que se le abra la puerta desde la calle (aunque admitimos ser culpables de esto último también nosotros… ¡pero fue sólo una vez!).

Lo cierto es que, desde que estoy en Derry, estoy aprendiendo a dormir en circunstancias adversas. Tapones y antifaz son mis compañeros de cama. Las contracturas, el resultado de 8 horas de sueño sobre dicha cama. Según el dueño de la casa, ningún colchón tiene más de dos años… Yo digo que serán años caninos porque humanos, no.

Además, por si no fuera suficiente con las campanas, la coral de pájaros cantores y la luz que entra por las desnudas ventanas de mi cuarto (estoy pensando seriamente dejar la comunicación y montar una empresa de persianas en UK, es un mercado inexplorado), desde hace dos días se ha unido a esta escandalosa orquesta un grupo de obreros que taladran la acera y mis oídos desde primera hora de la mañana. Para seguir poniendo a prueba mi sueño y mi paciencia, también.

Siempre me pregunté por qué los guiris, en general, madrugaban. No lo pueden evitar, les despierta el Día.

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